UNA REFERENTE ARGENTA
Entrevistador: Joaquín Rodriguez Tharigen
Entrevistada: Lydia Carreras
Fecha: 26/6/2025
Via: Zoom
Lydia Carreras, autora rosarina destacada en la literatura juvenil argentina, ha sabido utilizar la ficción como una herramienta de denuncia social. Obras como El Atajo ponen sobre la mesa temas delicados, como la trata de personas, a través de historias conmovedoras que conectan con los jóvenes lectores. En esta charla, Carreras comparte el detrás de escena de su escritura, su visión sobre el compromiso literario y lo que significa escribir para adolescentes.
—Lydia, ¿por qué elegiste dirigirte principalmente al público juvenil y no tanto a adultos o niños?
—Porque me interesa profundamente ese público. Siento que hay muchos temas que no se hablan lo suficiente con los adolescentes, y en especial desde la literatura. No todas las escuelas, ni todos los docentes, se animan a abrir esas conversaciones. Entonces, cuando uno escribe sobre algo difícil, ya de por sí hay una barrera para que la obra circule. Es un dilema: escribir sobre lo que importa, aunque eso complique la llegada. Pero a mí me motiva justamente eso.
—Uno de los temas más impactantes que tratás es el de la trata de personas, como en "El Atajo". ¿El nombre de la novela lo tuviste claro desde el principio?
—En realidad, no. El título fue apareciendo con el tiempo. Al principio no se llamaba así, pero nos pareció adecuado porque refleja la elección de Candela: ella toma un atajo, sin tener muchas herramientas para decidir. No quiere seguir viviendo con su madre y su padrastro, quiere escapar de la pobreza, pero no analiza a fondo las consecuencias. Y luego está el “verdadero” atajo: el que le imponen, cuando la tratan como mercancía. Ese camino existe, y hay lugares concretos por donde pasan a las chicas como si fueran droga. Es fuerte, pero real.
—Justamente algunos estudiantes armaron un mapa con el recorrido de Candela, según lo que cuenta el libro. ¿Esa ruta es real?
—Sí, y no solo se utiliza para la trata de personas, también para el tráfico de drogas y otras cosas. La trata existe desde siempre, en todos los países. Rosario, por ejemplo, fue conocida como “la ciudad prostibularia” a principios del siglo pasado. El río Paraná traía barcos con inmigrantes… y con niñas traídas para prostituirse. Había prostíbulos por todas partes. Es algo de lo que recién ahora se habla más abiertamente, pero ha estado ahí desde siempre.
—¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto de escritura en este momento?
—Sí, tengo una nueva novela en proceso. Es una historia de amor, pero bastante complicada y fuera de lo convencional, con muchos conflictos y situaciones difíciles, como la pobreza. Estoy en esa etapa en la que uno todavía busca la forma de contar lo que quiere decir. No es fácil, pero ahí estoy, peleándola.
—Para cerrar, queríamos agradecerte por este espacio. Poder conocerte y escucharte le pone otra dimensión a lo que leemos. Es como completar el diálogo que empezamos con la historia.
—Gracias a ustedes. Fue un placer enorme charlar con quienes realmente se meten en lo que uno escribe. Me encanta escuchar sus miradas, son mis críticos más sinceros. Gracias por esta oportunidad.

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